Hazel Moore y las vaginas

Me crucé con Hazel Moore gracias a un curioso vestido. Resulta que últimamente he estado pensando mucho en la cantidad de dinero que la gente gasta en celebrar el derecho a follar con el espaldarazo de la sociedad. Es decir, la plata que se va en bodas. Y no deja de parecerme un tanto paradójico; después de todo, ahora la gente es libre de coger sin certificados y ya nadie se espanta. Por eso me llamó tanto la atención que esta artista de Glasgow sintetizara con tanta vehemencia feminista el asunto de las bodas. Su vestido parece declarar que una novia no es sino su genitalidad envuelta en un empaque de lujo para un exigente cliente. Su portafolio tiene, además, otras tantas obras centradas en la estética de la vulva.

 

De la noche y el agua

  El jacuzzi no hierve, más bien complementa con sutileza el clima de la noche morelense. Es agradable estar ahí adentro. Después de cenar, Mariana y yo nos desnudamos y al mismo tiempo que algunas otras personas nos metimos al agua.  Hay sitios donde la desnudez se comporta con tanto desenfado, que pareciera que lo normal en el mundo civilizado es no usar ropa. Alguien convirtió la zona nudista de El Pistache, en una especie de antro lounge. Kathy Perry se proyecta en un video sobre una pendiente de pasto y arbolitos y en todo nuestro rededor hay luces divertidas. El pequeño jardín, no es tan pequeño. Le caben varias tumbonas  tres o cuatro camas playeras y un par de salas.
  Por todos lados la gente, quizá más de veinte parejas más, se la están pasando de maravilla. Hay poco juego, pero much plática y mucha cercanía. Mariana y yo estamos cerca de algunas parejas que en silencio comienzan a encontrarse bajo el moviemiento del agua. Pareciera que hay mucho ritmos en el transcurrir de la noche.
  Así, sin decir nada y sin mucho esfuerzo, ella se sienta sobre mis piernas. Jugamos a navegar por lo largo del jacuzzi como se hace con los niños chiquitos para acostumbrarlos a nadar. Se distinguen con claridad las figuras de mujeres que trajeron poco pudor a su fin de semana, y llegan a nuestros oídos tímidos gemidos de gente que, cerca de nosotros, sabe bien para lo que sirve la noche.
  No ha pasado mucho tiempo. Mariana abre las piernas sin adevertencia. Su forma se adapta con precisión a mi regazo, y sentados en la banca subacuática comenzamos a hacer leves olas de chapoteadero. En su boca se anuncia con poetíca precisión el momento en que entro en ella. Me encanta ese gesto. Es tan de ella que es mío. Quien nos mira no nos da importancia, todos los juegos de adultos están convertidos aquí, en una ritual cotidiano. 
  Me gusta pensar que la pareja que está junto a nosotros utiliza nuestra presencia para exitarse. No podría asegurarlos, pero la mujer me había parecido desde en la mañana, tan atractiva, que no me atreví a cruzar con ella más palabra que la respuesta al buenos días en la barra del desayuno. Sin embargo, ahora, me gusta pensar que estamos compartiendo algo con ellos. Quizá no, no lo sé. Pero estamos muy cerca y nada nos evita extender la mano y alcanzarlos, abrir con el tacto un mensaje que inaugure una lagra conversación de manos y bocas. No es así. 
  Están a centímetros de nosotros y los movimientos tenues de ellos nos hacen eco y el eco le hace a su vez coro a lo que siente. Pequeñas olas que producen olas que producen olas. Como las piedras que rebotan sobre el agua. Igual de intempestivo que el inicio de nuestra sesión, es el final. Mariana termina, extrañamente en volumen bajo. Creo que sólo yo la oigo. Hay que salir ya del agua. En un rato más hará más frío y no queremos padecer un cambio de temperatura muy extremo. 
  Nos vestimos, nos despedimos de algunos amigos que estaban por ahí, y vamos al cuarto. Es hora de una ceremonia, esta vez más privada, más intensa tal vez, en la que ambos llevamos a la cama todos los sueños que acumulamos desde la noche anterior en El Pistache.

Fotografía: ?
Fuente: Sicalipsis

Una mala noche en Casa SW

Ya sé que, en principio, fue mi culpa. Ya sabíamos que los viernes aceptan hombres solos y de todas formas, y considerando que no habría ningún tipo de travesura por un buen rato aprovechamos el último día que tendríamos en el 2011 y nos lanzamos a Casa SW. Me parece un lugar lleno de buenas intenciones pero con menos pros que contras. Ya habíamos ido antes, y estábamos conscientes de muchas de las cosas con las encontraríamos, pero aún así nos lograron desilusionar un tanto. 
Era una noche de colegialas. La página web decía que quien honrara el código de vestuario recibiría un regalo o una entrada gratis. Nadie nos ofreció nada parecido, y salvo alguna miembro de staff, tal vez, a nadie más le llegó el memo porque no había mucho colegialismo que digamos en el ambiente. El punto es que Mariana se puso una coqueta falda a cuadros azules y yo decidí hacerle juego con una corbata con el mismo estampado. Era una idea linda, pero descubrí temprano que ponerle cuidado a nuestros atuendos no era lo que Casa Swinger esperaba de nosotros. Tan pronto cruzamos la puerta, un alguien me dijo que tenía que quitarme la corbata. No entendí. Mariana tampoco y preguntó por qué. "Por seguridad" dice el alguien que insiste en que me tengo que quitar la corbata. "¿Seguridad?" pregunta Mariana haciendo evidente que no encontramos la conexión entre el accesorio más popular de Occidente y la falta de seguridad. Me causa gracia pensar que la primera vez que tratamos de ir a un club swinger hace mucho tiempo, no nos dejaron entrar porque yo no traía corbata.  "Segurida" contesta el elemento de seguridad, quien evidentemente, sigue sin tener una razón. "¿De qué forma una corbata afecta la seguridad?" vuelve a preguntar Mariana en un tono un tanto más impaciente.  El alguien comienza a entender que mi mujer no es sencilla y esgrime su argumento más devastador: "Son las políticas, señorita". Frente a eso, no hay nada más que decir y me quito la corbata antes de seguir adelante mientras teorizo la posibilidad de que algún diseñador de políticas considere probable que yo quiera a ahorcar a alguien en el playroom y lo haga con una corbata frente a la incapacidad de conseguir medias, tangas, camisas o cualquier otra prenda.  
Quien diseña las fiestas se esfuerza mucho por darles variedad, y eso habrá que reconocerlo. Hay una masajista, aparentemente muy bueno, y algunos chows no tan buenos. Durante algún momento de la noche le toca turno a un animador con look de personaje de cine de ficheras que por ser chistoso no es muy amable que digamos. Mariana y yo vamos por un trago. Pido uno derecho y me sirven una copa nada despreciable. Mariana pide un whisky con agua mineral y aclara que solo quiere la mitad del vaso. "No podemos servírselo así, tiene que ser el vaso completo. " Le explicamos que no es que queramos un trago doble, en cuyo caso, comprenderíamos que se negaran sino un trago con la mitad del agua mineral. "No puede ser, me piden que sirva los tragos completos". Mariana reformula tratando de encontrar un punto de comunicación. "Puedes servirme un trago derecho, o un trago con un vaso de agua" "Sí, así es." "¿Pero no me puedes servir un trago con medio vaso de agua?" "No". "¿Puedo preguntar por qué?" "Son las políticas"
Frente a las políticas no hay nada que hacer y tomamos nuestros alcoholes y vamos al salón principal. Para ese momento, las políticas habían deshecho mucho del buen humor que traíamos.
Mariana pide un tatuaje que le encantó (Hay un body painter en la casa). Hablamos un rato. Mariana pide un masaje y le encantó (Hay un terapeuta en la casa). Miramos a la gente. Mariana me enseña lo que acaba de aprender en el tubo y me encantó (Hay un tubo en la casa). Nos decidimos a subir a los cuartos oscuros, y consciente de que en el lugar hay muchos más hombres sólos que el 25% que anuncia la página, preguntamos si hay algún playroom sólo para parejas. No lo hay, esa es una política que tampoco entiendo, tomando en cuenta que la casa tiene tres espacios posibles, y reservar uno no molestaría a nadie. 
Así las cosas, entramos a intentar jugar pero no se puede. Demasiados solos, demasiado cerca, demasiado intrusivos y no nos quedó más que ir a terminar la sesión a nuestra propia recámara.

 Foto: vía Sicalipsis

Pornografía con un giro de buen gusto

 Ella llega de buen humor y me dice que quiere ver videos. ¿Alguno en especial? No, sólo uno de los que me gustan. Agradezco a Youporn las muchas horas que me ha dotado de diversión y aprendizaje. Pero más le agradezco que hace un par de días, Youporn, Mariana y mi Ipad se pusieron de acuerdo para brincar juntas a mi cama. Se me ocurrió que podía servir iniciar la sesión con uno de esos clips de X-Art.
Son unas producciones, al menos, fuera de lo ordinario. Es el mismo porno, las mismas no historias, las mismas tomas abierta-cerrada-abierta-cerrada y los mismos ángulos de felaciones y cunnilungus ad infinitum. Sin embargo, hay un cuidado especial, no solo en los y las modelos, incluso en su actuación, es más creíble. La joven actriz mira de vez en cuando a la cámara y el espectador se siente, inmediatamente incluido. La sensación es todo el tiempo grata y a menudo se nos olvidaba que se trataba de una pieza de "ficción". También la luz es distinta, parece como de vacaciones. Viéndolos uno se siente contagiado de esta sensualidad que solo ocurre en situaciones extracotidianas.
Mariana estaba junto a mi. Su presencia no era muy distinta a la de cualquier lunes cuando vemos Grey's Anatomy. Salvo la ocasional caricia sobre mis genitales, nada parecía la introducción a una noche de juegos matrimoniales. Ella miraba la pantalla y no decía nada. Yo tampoco, pero trataba de leer, sin éxito cambios en su respiración o en el brillo de sus ojos. Vimos un trío con dos jovencitas hermosas, luego una sesión de sexo con un par que parecían bajados del cielo. Otro video que se llamaba "Sex with a Supermodel" y cuando empezamos con el paraiso tropical. Tuve en mis brazos a la más linda esposa mordiendome los labios y luego nuestra propia versión de la película. No será un porno tan caliente, pero tiene lo suyo y es bastante más sincero que X-Art. Aunque este último es un lindo lindo afrodiasiaco visual.


Primera aproximación al nudismo

La primera vez que Mariana y yo visitamos un resort nudista, el asunto ese de liberarse de toda la ropa no era cosa fácil. Bajamos a la alberca en bata y ella tardó un buen par de horas en quitarse la parte de abajo del bikini. Supongo que tiene lógica, pero me pregunto si será buena idea utilizar un artículo como éste para curarse un poco la vergüenza inicial.  Ahora que lo pienso mejor, quizá no sea tan buena idea utilizarlo en un sitio donde se supone que uno deba estar desnudo más bien sería una linda maldad ponérselo para en ese límite entre la playa naturista y la de los "textiles", ahí donde a uno le pueden endilgar una monolítica multa por exponerse indecentemente. Al menos, el oficial de la justicia tendría que aceptar que los pixeles ni siquiera permiten hacer creer al público que la portadora de tan bello traje de baño está infringiendo ninguna norma. Pero habrá que ver...

Lo encontramos en No puedo creer, y ellos a su vez lo sacaron de thefancy.com

Katrine Neoromantika una apuesta por la sensualidad

El mundo está lleno de fotógrafos que encuentran belleza en los más diversos ángulos de la feminidad. No es tan fácil, por otro lado, encontrar a quienes desvelan el atractivo de la forma masculina; más allá de eso, la apuesta de Katrine Neoromantika explora las posibilidades estéticas del pene. De esta fotógrafa rusa, me llama la atención tanto la propuesta como la técnica. Sus imágenes son, en uno de sus portafolios, hermosas apologías de la genitalidad que un poco esclavizan al miembro y otro poco al espectador. Por si una mujer capaz de descubrir el encanto en la rústica anatomía del hombre no fuera suficientemente atractiva, dejo también al final una foto de su colección Self. Sí, se trata de la propia autora.





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